
En la 𝐜𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐫𝐨𝐬𝐜𝐨́𝐧:
No hubo prisa.
Ni edades.
Ni excusas.
Después del roscón,
llegó el baile.
Y con él, esa alegría que no se ensaya: la que aparece cuando suena la música y el cuerpo recuerda antes que la cabeza.
Palmas al aire, sonrisas sin cálculo, miradas que dicen esto también es casa.
Serendipity Duo puso la banda sonora y el Casino hizo lo demás: convertir una tradición en un instante compartido, de esos que no necesitan filtros porque se quedan.
Porque hay noches que no se cuentan.
Se bailan.
Y se quedan guardados en la memoria.


